CLARET SERRAHIMA / ÓSCAR GUAYABERO
EL PAÍS - 21-04-2006
En este país de instrusismos, dos diseñadores hacen de analistas políticos
Estamos en el país del intrusismo profesional. Tenemos médicos alcaldes, tonadilleras presentadoras, petardas mediáticas haciendo de cocineras. Tenemos capellanes propietarios de la emisora de radio que emite más insultos, tenemos paletas metidos a cantantes y un presidente de la CEOE que no es empresario.
Siguiendo esta dinámica de meterse en el jardín del vecino, la oposición conservadora ha decidido tomar la calle para protestar. Han dejado las misas castrenses y los homenajes a la bandera, y se han comprado fulares y pancartas. Tristemente, han recogido lo peor de las protestas callejeras, la demagogia, el exabrupto y la falta de visión a largo plazo.
Quizá uno de los pocos que hacen lo que se espera es el presidente del Gobierno, dijo que venía a cambiar las cosas y lo hace. En estos dos años de mandato, José Luis Rodríguez Zapatero ha afrontado algunas de las reformas más polémicas, pero no por ello menos urgentes, que el país tenía en su agenda. También en el ámbito autonómico se han emprendido cambios importantes. Pasqual Maragall y Rodríguez Zapatero han sido el blanco de todas las iras de la derecha, y parte de las de la izquierda, más que por su ideología, quizá por su pasión por los cambios. Dicen que son imprevisibles, que tienen ideas propias, y eso parece asustar.
Hace unas semanas, se celebró el Salón Alimentaria y la estrella de la feria fue un invento típicamente español. Se trata de unos filetes de pescado desconocido, que aparentan ser anchoas, con un sabor cercano al de las anchoas, pero sin serlo. Otra vez, alguien haciéndose pasar por lo que no es. Esos cambios sí agradan a la derecha. Más barato, más aparente, más rentable, pero menos auténtico. Algo así como la convención del PP, que decía ser para enfrentarse al futuro y acabaron añorando un pasado afortunadamente pretérito para los demás.
La oposición dice, alternativamente, que el tándem Zapatero-Maragall está parando el país o que se corre demasiado hacia el abismo. Como en la mayoría de los casos en que la derecha se queja de inmovilismo, se trata de dar carta blanca al capital. Si el tripartito se quiere tomar un tiempo para reflexionar sobre un modelo de crecimiento que prime la calidad frente la cantidad, parece que se está frenando al país. ¿Por qué se siguen llamando conservadores, si la conservación del medio ambiente les importa un rábano, transgénico para más señas?
Más allá de patrias, naciones, nacionalismos, sentimientos nacionales y demás términos que, sin dejar de ser importantes, nos están saturando los oídos, hay un país que se mueve. Lo hace en libertad, en justicia social, en desarrollo sostenible. Claro que la izquierda hace a veces de centro e incluso de derecha. Hay actitudes que más valdría dejarlas para Rajoy y Cía. Por ejemplo, que Joan Clos diga que, pedir el AVE por el litoral o estar en contra de una narcosala es de derechas. El espantajo reaccionario no puede ser excusa para no escuchar a la sociedad. Esas actitudes son las que provocan que los ciudadanos, haciendo las veces de comentaristas políticos, afirmen: "Todos son iguales".
Pero quienes sufrimos el último mandato de Aznar no podemos dejar de alegrarnos por tener ante la mesa un posible fin del conflicto armado en el País Vasco, una articulación federalista en un país con pasión por el ruido de sables y un buen número de leyes que amplían libertades. Quienes nos escondimos debajo de la mesa para no azorarnos por las Azores contemplamos ahora con cierto desahogo, que nuestro presidente habla de alianza de civilizaciones, en lugar de guerra preventiva. No olvidamos el bochorno de un ministro de Interior repartiendo monedas al ser preguntado por las víctimas del Yak 42. No queda tan lejos un director de informativos del Ente Público llamando pancarteros a la oposición mientras se descontaba en algunos cientos de miles de manifestantes. Así que no todos son iguales, a menos que decidamos todos ejercer de lo que no somos.
Pese a todo, el país se mueve. Quizá ésa sea la mayor prueba del valor de las ideas. Por encima del ruido mediático, de los ensalzamientos de la víscera nacional y de la táctica de repetir mil veces mentiras para hacerlas corpóreas, hay un país que se mueve. Así que hablemos de futuro. Siguiendo la dinámica nacional de "yo lo haría mejor" que nos hace ser, desde el sofá de casa, entrenadores de fútbol o médicos forenses, nosotros hemos decidido hacer, por una vez, de analistas políticos, así que nos vamos a permitir dar consejos a los partidos parlamentarios.
1. Nos gustaría que ICV trabajara sin complejos. No se detiene un país por negarse a convertir un espacio natural cerca de la zona periférica del Parque Nacional de Aigües Tortes (valle de Àrreu) en un complejo deportivo de invierno. Conocemos el trabajo de Saura en el Estatuto, tenemos claro el papel del partido como mediador en el seno del tripartito (en el autonómico y en el municipal) y lo valoramos. Pero no se queden en la sombra. Nos gusta que Imma Mayol se desmarque cuando lo considere justo; eso no es traición, sino coherencia.
2. Nos encantaría ver viajar más a ERC. Viajar te da la dimensión de las cosas. Gobernar es dimensionar, hacer oposición es sobredimensionar los detalles. Lanzar proclamas resultonas puede ser atractivo para un voto joven, pero no da credibilidad si se proponen gobernar algún día.
3. Nos gustaría comprobar cómo visualiza el PSC los éxitos del tripartito, cómo hace valer su posición de puente con el resto del partido estatal. Quisiéramos ver cómo valora en lo debido la figura de Pasqual Maragall, sin el no estarían gobernando ni aquí, ni puede que en Madrid. El aparato del partido no es un fin, sólo una herramienta, que sería más que eficaz usada para el bien del país.
4. Sabemos que es muy difícil que CiU sepa hacer oposición, no lo han hecho nunca. Pero no vale todo para obtener el poder. La tradición del comercio catalán no significa vender país a cambio del partido. Ahora que ya han afianzado su candidato, esperamos propuestas de Mas y no sólo ver que Cataluña es moneda de cambio.
5. Dudamos que sirva de mucho tener deseos de cambio para el PP. Así que ya, puestos a pedir, nos gustaría ver que el señor Piqué, quizá con Ruiz-Gallardón, Rato o Herrero de Miñón, se apropia del Partido Popular y ejerce de político de derecha pero con convicciones democráticas.
6. Por último, aconsejamos a Rodríguez Zapatero que afronte una importante misión, debe hacer un esfuerzo para educar a la derecha. Llévelos al cole, presidente, a ver si aprenden modales. Zaplana y Acebes en la primera fila, que no enreden.
Así que, haciendo de guionistas cinematográficos, nos imaginamos subidos en ese tren de Zapatero y de Maragall y miramos por la ventanilla cómo se mueve el país, sin perder detalle del paisaje, que para eso viajamos en transporte público, para ir quizá más lentos, pero más seguros.
21 abril, 2006
12 abril, 2006
Prueba de rapidez mental

En la calle más cabaretera de Barcelona y delante de un teatro con nombre parisino, abandonado hace años, unos policías con gorritos como de dependientes de una hamburguesería, levantan sus porras contra unos músicos vestidos de payasos, mientras suena una napolitana.
Diga rápidamente que es lo más cómico:
a.- que se tenga cerrado un teatro a tres pasos de la Ciutat del Teatre
b.- que Villepin retire la ley del despido libre el día que Berlusconi pierde las elecciones.
c.- que los policías locales no lleven barretina o al menos sombrero mejicano.
e.- que los músicos sean tratados como delincuentes en la calle del music hall.
07 abril, 2006
¿Se ha salvado Can Ricart?
Este es el artículo aparecido en El Periódico el viernes 7 de abril. A continuación está el texto entero, porque ya sabeís que en la prensa siempre hay problemas de espacio.¿Se ha salvado Can Ricart?
Oscar Guayabero
Can Ricart se ha salvado. Este podría ser el resumen de la propuesta del Ayuntamiento hecha esta misma semana. Un 67%, aproximadamente, del recinto fabril se conservará. Afortunadamente, el incendio ocurrido justo después de la presentación municipal, en la nave conocida como Can Font, no parece haber causado daños irreparables.
En honor a la verdad y a pesar de alguna duda sobre como se preserva áreas concretas podríamos asegurar que el trabajo de presión social ha conseguido sensibilizar al consistorio hacia un complejo fabril de un indudable valor en el patrimonio industrial de la ciudad. La capacidad de aunar voluntades en colectivos con intereses, en principio, tan diversos como vecinos, historiadores, industriales y artistas ha dado resultado. Sin su constancia, el pasado verano el recinto habría sucumbido a las excavadoras.
Si duda, se debe haber tenido que negociar duro con el propietario. Sus intereses económicos, legitimados por un plan del 22@, quizás prematuro, deben haber llevado de cabeza a técnicos y políticos.
Esta es la impresión que se ha podido extraer al leer la prensa. Entonces ¿Porque la Plataforma Salvem Can Ricart han rechazado el proyecto? Sin duda, este rechazo merece una explicación clara e imagino que durante los próximos días se irán dando los oportunos razonamientos. Intentaré, sin embargo, aproximarme a esa negativa desde un punto de vista personal.
Estoy convencido que el concepto de valor histórico es uno de los errores más extendidos en Barcelona y hay que incluir en ese error tanto a cargos públicos como a colectivos sociales e incluso a algunos historiadores. El patrimonio histórico se ha basado en una idea museística del pasado. Todo aquello que se puede catalogar, datar y coleccionar es la base de la mayoría de operaciones de conservación. El resultado es una peligrosa tendencia a la momificación urbana. “…estamos viendo las pieles de la ciudad, convertida toda ella en un Bartolomé, Barcelona desollada que ostenta su pellejo como símbolo del martirio que ha sufrido” (1). Es decir, cabe preguntarse si merece la pena conservar fábricas vacías de trabajadores, talleres huérfanos de artesanos, estudios desnudos de artistas. Ya no se trata sólo de lo que se consiga rehabilitar se trata de que “el verdadero valor patrimonial viene determinado por la relación indisoluble entre el espacio y los usos sociales que lo caracterizan”(2). El patrimonio social es un valor en alza, pero no parece haber cuajado aún en la ciudad. Itziar González demostró en la fábrica de Anis del Mono en Badalona que el verdadero valor de la misma, no era su arquitectura modernista sino el proceso de elaboración del licor, el cual, por cierto, se hacía en una sala más reciente, sin valor histórico. Sin olvidar los lugares de trabajo que ofrecía.
Deberíamos ir pensando en censar los lugares de trabajo perdidos y no recuperados que ha llevado consigo toda la operación Diagonal, Forum y 22@. Un recuento cuantitativo arrojaría cifras preocupantes pero un estudio cualitativo nos confirmaría que la ciudad ha perdido artesanos insustituibles, talleres con técnicas que se perderán y estructuras sociales que no se recuperaran.
Por supuesto, no hemos de caer en el romanticismo, ni el arquitectónico, ni el social. En Pueblo Nuevo como en la mayoría de núcleos industriales se vivió duramente en condiciones de insalubridad y con contratos que harían temblar a cualquier estudiante francés. Pero el tiempo fue mutando esos complejos fabriles en viveros donde creatividad y producción industrial convivían. En este sentido Can Ricart es paradigmático. En un mismo lugar, se podía encontrar desde Hangar a una cerería artesana, desde artistas de taller en Can Font, a carpinteros y metalistas. La trama microurbana creaba espacios y rincones adecuados para unos y otros.
En ocasiones la reutilización de espacios, la adecuación de sus usos a nuevas necesidades es justo lo que da viabilidad al conjunto y sentido a su existencia. Esa relectura pero se debe hacer desde la historia en minúscula. El bar en el que coinciden, el reciclaje creativo de los residuos fabriles, un sistema de moldes semimanual que nadie más usa. Difícilmente ningún catalogo patrimonial será capaz de dar valor a estos hechos, que sin embargo, son los que pueden justificar su conservación activa. Bajo este punto de vista, no parece lógico ubicar un centro cultural, sobre los restos del último trabajador despedido. Obviamente, los talleres se pueden reubicar, los trabajadores prejubilar o reciclar laboralmente, pero se pierde un intangible, el conjunto, las sinergias, las atmósferas. Y eso es lo que pierde la ciudad, ese patrimonio social.
Para conservar Can Ricart no es suficiente con rescatar de la pica las naves y convertirlas en lofts o en oficinas, debemos tener en cuenta esa historia cotidiana que podría ofrecer un futuro interesante y necesario. Un conjunto que cree intersecciones y relaciones entre lo que necesita el barrio, sean guarderías o geriátricos, lo que necesitan los industriales que ahí habitaban y de los cuales sólo unos pocos resisten y lo que necesita la ciudad. La ciudad precisa urgentemente de centros de creación. No niego el valor de los usos mixtos. Viviendas y centros de creación pueden y deben convivir, pero corremos el peligro de tematizar Pueblo Nuevo creando magníficas rehabilitaciones arquitectónicas vacías de significado, “como caparazones después de haya sido sorbida su carne, aspirado lo blando y jugoso, suculento, sustancioso, que tenían dentro.” (3) Rodear Can Ricart de edificios de 9 o 12 plantas no es hibridar usos, es encerrarla en una jaula de cristal. Como pequeña trama urbana tiene mucho sentido como patio interior es excesivo, la verdad.
Por otro lado, no se entiende las dificultades que cada vez más interpone la ciudad a sus creadores. Sólo en Pueblo Nuevo se han perdido 23 centros producción artística, y cuatro más están en peligro, solo dos quedarán en activo, si se confirman los peores presagios. Dicho así suena terrible, pero si decimos que por una reurbanización, la rehabilitación de edificios, la falta de condiciones de seguridad, etc. se han cerrado algunos talleres de artistas, vecinos y regidores encontraran varios motivos lógicos: ruidos molestos, olores, convivencia complicada, alquileres sin actualizar, etc. La casuística concreta puede acabar justificando un verdadero éxodo de masa gris. Claro que los creadores encontraran otra ciudad, otro pueblo o quizás otra actividad, afortunadamente para ellos, se llevan el capital consigo. La que pierde es Barcelona.
El capital creativo se podría definir como los activos combinados de la sociedad que facilitan y estimulan a sus gentes y organizaciones a ser innovadoras y creativas. Esta capacidad generadora se muestra como uno de los activos más prometedores en la economía globalizada. La situación de Pueblo Nuevo, antes de empezar aplicarse el proyecto 22@ era compleja y difícil, pero tenía un potencial creativo conviviendo con una producción industrial de bajo impacto ambiental y una artesanía postindustrial haciéndose un hueco en el entramado económico. No digo que no se pudiera dirigir y mejorar esa dinámica, pero el resultado hoy, sitúa la balanza en un claro déficit en cuanto a creadores y pequeños talleres.
Paralelamente, la ciudad parece deslumbrada por el poder dinamizador de los centros culturales. Aquí y allí surgen museos, teatros y fundaciones culturales que exhiben, estudian y difunden cultura. Sea diseño, arte precolombino, artes escénicas, ciencia, gastronomía o arte contemporáneo. A la vez, se organizan eventos con importantes presupuestos para promocionar un artista o una tendencia artística. Estas plataformas de visualización cultural son validas por si mismas, pero además parecen generar unos beneficios para la ciudad que las hacen deseables: turismo de calidad, inversiones financieras, rehabilitación de las zonas cercanas, etc.
La bondad de este planteamiento se ve claramente superada por la perversidad de los resultados. Estamos edificando centros culturales sobre los escombros de lugares de producción cultural. El Quadrat d’Or de l’Eixample, promociona una zona de la ciudad que ya no es económicamente accesible para que nuestros diseñadores de moda exporten su talento al turismo cultural. Un nuevo tejido de franquicias internacionales habita ahora los bajos modernistas.
En Can Ricart, como decía, la llamada Casa de las Lenguas se hará sobre los restos, tristemente calcinados, de Can Font donde habían trabajado hasta 25 artistas y artesanos. ¿Donde están ahora? Algunos emigraron a Can Batlló, convencidos de que el mayor valor histórico del edificio les protegería. Hoy por hoy, están de nuevo en precario. Sin minusvalorar el contenido de un centro que aún desconocemos, no parece un buen trato para Barcelona. Perdemos centros de cultura y ganamos centros culturales. Podríamos llegar a no tener nada que exhibir, si seguimos echando de la ciudad a creadores, artistas y poetas.
Por todo ello, aún no se ha salvado Can Ricart. Por el momento, parece más un animal disecado con apariencia pero sin aliento. Podrá ser admirado y catalogado pero ya no podrá engendrar vida. Aún estamos a tiempo de evitarlo entre todos, y creo que Barcelona lo necesita.
1,3. Destrucción de Barcelona. Juan José Lahuerta (Mudito & Co).
2. CANTERO, Pedro A.; ESCALERA, Javier; GARCÍA DEL VILLAR, Reyes; HERNÁNDEZ, Macarena. Territorio, sociabilidad y valor patrimonial del espacio urbano. En: “Cuadernos de antoppología-etnografía”, Sociedad de Estudios Vascos, Bilbao, 2000.
04 abril, 2006
Arde Can Ricart, se quema otra forma de hacer ciudad

Can Ricart aún está humeante. La nave de Can Font, la parte más importante el recinto, ha ardido en su práctica totalidad. ¿Intereses económicos, accidente, desidia del propietario, dejadez administrativa? Es pronto para hacer balance. No se saben ni las causas, ni los autores, si los hay. Es, sin embargo ya una metáfora de Barcelona. Se ha calcinado una oportunidad de hacer ciudad. Se están quemando demasiados espacios de diálogo. La temperatura social aumenta. No es casual que hace unos días se manifestaran, a la vez, varias entidades vecinales. No es casual que el botellón, o mejor dicho, su prohibición, degeneraran en vandalismo. Podemos cerrar los ojos, echar la culpa a los violentos, a la cultura del no, a la manipulación de la oposición, pero todos sabemos que algo está pasando.
Mas imágenes en : http://nau21.net/imago/2006/_cremacanfont.htm
20 marzo, 2006
Botellón a la brasa
Fin de semana movidito en el Raval, donde la prepotencia del Alcalde Joan Clos convirtió un acto lúdico (lo dicen ellos ahora) el llamado macrobotellón, en un conflicto urbano.Si quereis saber mi experiencia personal (y tan personal como que por poco me queman la casa).
http://lamundial.net/user/guayabero/cronica_de_una_hoguera_anunciada.pdf
16 marzo, 2006
Artículo en busca de editor
Este artículo se ha intentado editar en La Vanguardia, El Periódico y El Punt. Llevo las últimas semanas persiguiendo a los responsables de cultura y opinión. Reconozco que he sido bastante insistente. No por ser mío el artículo, sino porque el tema (la conservación del patrimonio social y la especulación urbanística) me parece lo bastante importante como para insistir. Una flor no fa estiu, pero siempre es bueno intentar generar un debate de este tipo.Supongo que no debe tener la calidad necesaria para aparecer en papel impreso o quizás no es un tema de interés general. No quisiera pensar que simplemente es porque un servidor no es un personaje mediático. Eso diría poco de los editores. Mucho peor sería, que el tema tuviera implicaciones en las empresas de las que dependen las redacciones de los rotativos. En fin, como uno ya es mayor para imaginarse complots, lo cuelgo en el blog y a otra cosa.
Revisionismo urbano
A falta de un término mejor, se me ocurre que Barcelona está sufriendo un tremendo revisionismo urbano, sin querer equipararlo con otros revisionismos mucho más siniestros. A saber, lo que ya existe se debe, en primer lugar, derribar o en el mejor de los casos vaciar sus fachadas “como caparazones después de haya sido sorbida su carne, aspirado lo blando y jugoso, suculento, sustancioso, que tenían dentro.”* Una vez limpio el solar, se reformula lo que había en él y se vuelve a construir, a la medida de la imagen que consistorio y constructoras tienen de la ciudad. El caso de recintos industriales en Pueblo Nuevo es aleccionador. Viviendas de lujo donde había talleres cutres y oficinas del denominado quinario, donde había talleres de artistas. Económicamente, no hay duda que el consistorio, que no la ciudad, y los propietarios, saldrán ganando. En paralelo y quizás para justificar semejante vaciado de contenidos se formulan propuestas de centros culturales que preserven anécdotas del patrimonio industrial. Chimeneas no faltan, desde luego.
Así se reniega de la historia, desde la desaparición de los chiringuitos de la Barceloneta permutados por las postizas terrazas del Port Olimpic, a la “petrificación del Born, y la sustitución de la vida por la Historia”* pasando por la falta de memoria colectiva, como en los terrenos del Forum de Las Culturas, donde se fusilaron cientos de republicanos durante y después de la Guerra Civil, a los que no se les hizo ninguna mención oficial. No es otra cosa que reescribir la crónica de la ciudad.
Pues bien, ante ese revisionismo urbano, esta surgiendo un creciente activismo ciudadano que, como primer paso, suele estudiar la realidad existente. De esa realidad a veces sórdida, a menudo trasnochada, pero siempre rica en matices, se intentan extraer aquellos valores que pueden servir para el futuro y se les intenta dar valor, abriéndolos al conjunto de los ciudadanos. Desde asociaciones de vecinos a colectivos de artistas, desde okupas hasta historiadores, están creando redes de colaboración y espacios multifuncionales que podrían dar respuestas, además de a las arcas publicas, a las necesidades de nuestra ciudad. Son espacios privados con vocación pública, una ecuación inversa a lo que ocurre, a veces, con algunas inversiones públicas que acaban generando, básicamente, beneficios privados.
Tenemos en Can Ricart un ejemplo paradigmático de este proceso de destrucción del patrimonio con coartadas de progreso, ese talismán, tan mal usado. La antigua fábrica textil, se había convertido hace años en una microciudad, donde empresa y creatividad convivían. Desde Hangar a una cerería artesana, desde Can Font, en la nave 21, a carpinteros y metalistas. La trama microurbana creaba espacios y rincones adecuados para unos y otros.
Llegó 22@ y decidió que se debía derribar gran parte del complejo fabril. En su lugar se harían lofts de lujo, se ubicarían algunos creadores, los que fueran más limpitos y ocuparan menos espacio, algún equipamiento testimonial para el barrio y se obtendrían unos buenos beneficios para el propietario. Sería el premio por haber dejado las naves a su suerte desde hace años, con su consiguiente degradación.
Pero resultó que, por alguna razón, se aglutinaron esperanzas de vecinos, historiadores y de una gente extraña, artistas de taller y navegantes de la red que hablan de cosas tan raras como software libre. Se plantaron, y consiguieron, después de meses de lucha, que se replanteara el asunto. Ahora es el momento de decidir que hacer con el recinto y porqué no, el momento de plantear una nueva, o quizás una vieja y olvidada, forma de hacer ciudad, abriéndola a los ciudadanos e implicándolos en su desarrollo. Quizás vale la pena activarse en Can Ricart, aunque sea para hacer músculo para cuando toque el pulso en La Escocesa, en Can Batlló, etc., que están al caer.
Se establece como prioridad no sólo el legado arquitectónico sino, y sobre todo, el patrimonio social. Entendiendo que no es patrimonio sólo las piedras, sino el espacio que contienen y lo que en ellas se ha vivido, se vive y, si es dejan, se vivirá. No quieren una ciudad de espectros. “…estamos viendo las pieles de la ciudad, convertida toda ella en un Bartolomé, Barcelona desollada que ostenta su pellejo como símbolo del martirio que ha sufrido”.
Dicen que no tiene sentido defender fábricas vacías de trabajadores, talleres huérfanos de artesanos, estudios desnudos de artistas. No necesitan un enésimo centro cultural. Reclaman un centro de producción abierto, de intercambio y de diálogo. Un centro vivo de cultura, compartido y no compartimentado. Un conjunto que cree intersecciones y relaciones entre lo que necesita el barrio, sean guarderías o geriátricos, lo que necesitan los industriales que ahí habitan y lo que necesita la ciudad. La ciudad precisa urgentemente de centros de creación. En realidad, casi lo mismo que dicen los objetivos del 22@, pero sin tanta corbata y con menos excabadoras.
Perdónenles que no les exciten los lofts o las chimeneas solitarias, pero es que dicen que los bocadillos de chorizo, no son lo mismo sin los chistes del mecánico, sin los pitillos compartidos con los carpinteros, sin las capacidades infinitas de las sinergias entre creación e industria. Ya se sabe, son artistas y tienen ideas extrañas.
* Destrucción de Barcelona. Juan José Lahuerta (Mudito & Co).
Revisionismo urbano
A falta de un término mejor, se me ocurre que Barcelona está sufriendo un tremendo revisionismo urbano, sin querer equipararlo con otros revisionismos mucho más siniestros. A saber, lo que ya existe se debe, en primer lugar, derribar o en el mejor de los casos vaciar sus fachadas “como caparazones después de haya sido sorbida su carne, aspirado lo blando y jugoso, suculento, sustancioso, que tenían dentro.”* Una vez limpio el solar, se reformula lo que había en él y se vuelve a construir, a la medida de la imagen que consistorio y constructoras tienen de la ciudad. El caso de recintos industriales en Pueblo Nuevo es aleccionador. Viviendas de lujo donde había talleres cutres y oficinas del denominado quinario, donde había talleres de artistas. Económicamente, no hay duda que el consistorio, que no la ciudad, y los propietarios, saldrán ganando. En paralelo y quizás para justificar semejante vaciado de contenidos se formulan propuestas de centros culturales que preserven anécdotas del patrimonio industrial. Chimeneas no faltan, desde luego.Así se reniega de la historia, desde la desaparición de los chiringuitos de la Barceloneta permutados por las postizas terrazas del Port Olimpic, a la “petrificación del Born, y la sustitución de la vida por la Historia”* pasando por la falta de memoria colectiva, como en los terrenos del Forum de Las Culturas, donde se fusilaron cientos de republicanos durante y después de la Guerra Civil, a los que no se les hizo ninguna mención oficial. No es otra cosa que reescribir la crónica de la ciudad.
Pues bien, ante ese revisionismo urbano, esta surgiendo un creciente activismo ciudadano que, como primer paso, suele estudiar la realidad existente. De esa realidad a veces sórdida, a menudo trasnochada, pero siempre rica en matices, se intentan extraer aquellos valores que pueden servir para el futuro y se les intenta dar valor, abriéndolos al conjunto de los ciudadanos. Desde asociaciones de vecinos a colectivos de artistas, desde okupas hasta historiadores, están creando redes de colaboración y espacios multifuncionales que podrían dar respuestas, además de a las arcas publicas, a las necesidades de nuestra ciudad. Son espacios privados con vocación pública, una ecuación inversa a lo que ocurre, a veces, con algunas inversiones públicas que acaban generando, básicamente, beneficios privados.
Tenemos en Can Ricart un ejemplo paradigmático de este proceso de destrucción del patrimonio con coartadas de progreso, ese talismán, tan mal usado. La antigua fábrica textil, se había convertido hace años en una microciudad, donde empresa y creatividad convivían. Desde Hangar a una cerería artesana, desde Can Font, en la nave 21, a carpinteros y metalistas. La trama microurbana creaba espacios y rincones adecuados para unos y otros.
Llegó 22@ y decidió que se debía derribar gran parte del complejo fabril. En su lugar se harían lofts de lujo, se ubicarían algunos creadores, los que fueran más limpitos y ocuparan menos espacio, algún equipamiento testimonial para el barrio y se obtendrían unos buenos beneficios para el propietario. Sería el premio por haber dejado las naves a su suerte desde hace años, con su consiguiente degradación.
Pero resultó que, por alguna razón, se aglutinaron esperanzas de vecinos, historiadores y de una gente extraña, artistas de taller y navegantes de la red que hablan de cosas tan raras como software libre. Se plantaron, y consiguieron, después de meses de lucha, que se replanteara el asunto. Ahora es el momento de decidir que hacer con el recinto y porqué no, el momento de plantear una nueva, o quizás una vieja y olvidada, forma de hacer ciudad, abriéndola a los ciudadanos e implicándolos en su desarrollo. Quizás vale la pena activarse en Can Ricart, aunque sea para hacer músculo para cuando toque el pulso en La Escocesa, en Can Batlló, etc., que están al caer.
Se establece como prioridad no sólo el legado arquitectónico sino, y sobre todo, el patrimonio social. Entendiendo que no es patrimonio sólo las piedras, sino el espacio que contienen y lo que en ellas se ha vivido, se vive y, si es dejan, se vivirá. No quieren una ciudad de espectros. “…estamos viendo las pieles de la ciudad, convertida toda ella en un Bartolomé, Barcelona desollada que ostenta su pellejo como símbolo del martirio que ha sufrido”.
Dicen que no tiene sentido defender fábricas vacías de trabajadores, talleres huérfanos de artesanos, estudios desnudos de artistas. No necesitan un enésimo centro cultural. Reclaman un centro de producción abierto, de intercambio y de diálogo. Un centro vivo de cultura, compartido y no compartimentado. Un conjunto que cree intersecciones y relaciones entre lo que necesita el barrio, sean guarderías o geriátricos, lo que necesitan los industriales que ahí habitan y lo que necesita la ciudad. La ciudad precisa urgentemente de centros de creación. En realidad, casi lo mismo que dicen los objetivos del 22@, pero sin tanta corbata y con menos excabadoras.
Perdónenles que no les exciten los lofts o las chimeneas solitarias, pero es que dicen que los bocadillos de chorizo, no son lo mismo sin los chistes del mecánico, sin los pitillos compartidos con los carpinteros, sin las capacidades infinitas de las sinergias entre creación e industria. Ya se sabe, son artistas y tienen ideas extrañas.
* Destrucción de Barcelona. Juan José Lahuerta (Mudito & Co).
02 marzo, 2006
Innovacion en los alimentos
Hace unos días viví una de las experiencias más espeluznantes de mi vida. Estuve en el Jurado de Innoval. Innovación en productos alimentarios. Se supone que me llamarón por aquello del diseño y del packaging pero ya en la entrada me dijeron que de pack se habla en Graphicpack, que allí se trataba del contenido. Bien diseño y contenidos es una buena fórmula, no sólo sabemos hacer cajitas. Pero la cosa iva por otro camino, no se trataba de pensar como mejor servir al usuario, ni como mejor servir un producto de calidad. Lo que mas oí fue: valor añadido (es decir, que la diferencia entre lo que cuesta de verdad y el valor de venta sea la hostia), estrategia de mercado (solo se contempla un mercado, gente con prisas, sin manías químicas y con una edad mental de 15 años) y sensación de salud (es decir, aparentar que un producto es sano cuando no lo es). Bien, veamos que entienden estos señores por innovación. Hago un repaso de algunos de los premios que se dieron:- Es cojonudo hacer un queso y meterlo en una lata de conserva (Queco, gran naming queso en conserva) aunque para ello se deba perder el 80% de las propiedades del queso y aunque el sabor (yo lo probé) recuerde más a un berberecho que a leche de vaca. Eso si te aguanta en el armario años.
- Es muy innovador hacer una leche sin leche. Es decir sin lactosa. Esto no seria malo, si pensamos en la intolerancia que sufrimos muchos a la lactosa, pero es que para hacerlo se cargan todas las propiedades de la leche, así que para qué coño quieres tomarte una cosa blanca que ni sabe a leche (yo también la probé) ni es leche.
- Es muy avanzado hacer pedazos de pescado que aguantan en la nevera dos meses (sin congelador). Claro, que el químico presente aún se pregunta que coño eran los productos que salían en la composición del producto y no los había visto aún.
- Es estupendo hacer un producto que se llama “peque fruta” y es una compota de fruta para los niños. Dicen que es para el bocata de la mañana. Bien. Pero resulta que en las instrucciones dice que jamás se debe dejar el producto en las manos de los niños con el tapón puesto, que parece un caramelo y que además hay de estar presente un adulto para consumirlo. Perfecto. Eso si, tiene casi un 5% de fruta natural.
- Y lo que ya es la bomba es hacer una cosa que se llaman choas y que es un manufacturado con menudillos de pescado que se mete en un molde y se le da forma de anchova (porque dicen que está muy cara). El resultado (lo probé, valiente de mi) es una especie de plástico blandengue que recuerda al sabor de una anchova (pa eso están los extractos) pero que parece más que te estés comiendo un gusano de la botella de mezcal.
Resumiendo, creo no volveré jamás a este jurado y particularmente me gustaría llamar a los Mossos d’Escuadra para que detuvieran a esa panda de delincuentes que se dicen ejecutivos. Estamos en sus manos, nos dan basura pa comer y les importa un rábano (transgénico claro)
08 febrero, 2006
Claret serrahima, Oscar Guayabero (EL PAÍS - 14-02-2006)
Desde hace un tiempo hay una consigna que se va repitiendo entre nuestros gobernantes. Frente a protestas contra una narcosala, un nuevo centro penitenciario, una nueva línea de alta tensión, un nuevo parque temático, etc., afirman que “se han instalado en la sociedad la cultura del No”. Así, de una tacada se descalifican todas las protestas a la vez. Paralelamente, la existencia de una oposición por parte de Rajoy & Cia, basada en la negación como estrategia, da alas a la fórmula de: “No, es igual a ser reaccionario, es igual a apoyar al Partido Popular” o en el caso de Cataluña también a Convergencia i Unió.
Sorprende que se niegue el poder progresista del No. La izquierda se basa, en multitud de ocasiones, precisamente en decir No. Es complejo ser progresista, hay que negar a menudo los instintos más básicos del individualismo, de los prejuicios, de los ancestrales miedos a la diferencia, del arraigo a la posesión material, etc. El votante de izquierdas es más exigente, lo sabemos. El electorado de derechas se limita a votar y pedir seguridad y beneficios. Siempre dicen si, salvo cuando se habla de libertades.
El no aceptar con la cabeza gacha todo aquello que se intentaba imponer desde la dictadura, mantuvo viva la llama de la democracia durante el franquismo. En la transición, la oposición de los movimientos vecinales a especulaciones urbanísticas fueron verdaderos laboratorios de libertad y centros de formación de actuales cargos públicos. Era un No con pantalones de pana y patillas pobladas, entre el No pacifista a Vietnam, que llegaba desde EEUU y el comprometido “Diguem No” de Raimon.
Decir no es más difícil que asentir, parar aceptar tan sólo hace falta callar. El No es una respuesta incómoda, pero en todo caso, es una de las dos posibles ante cualquier cuestión planteada. Cada No es distinto. No son equiparables los No del túnel Bracons, de la carcel del Catllar, de la narcosala de la Vall d’Ebron o de la línea eléctrica de las Gabarres. Decir No puede ser más constructivo que callar. Negarse al enésimo campo de golf, es en realidad decir si, o al menos decir “se puede hacer de otra forma”. Es una versión a pequeña escala del “otro mundo es posible”. Decir No al AVE por el Eixample es reclamar su paso por el litoral y es decir si al sentido común.
Es curioso que cuando se decía No a la guerra de Irak, ese era un No progresista solidario. También el No al trasvase era positivo, nunca se dijo que las tierras del Ebro estuvieran atrincheradas en la cultura del No. Pero cuando se dijo No a la Constitución Europea, en concreto, No a “esa” constitución, resultó ser un No retrogrado. Es más, en cuanto un par de países dijeron No, se dejaron de hacer consultas a la sociedad. Se negó el valor de ese No y se dijo que sería si o si, con aquella fórmula paternalista de: yo se mejor que vosotros lo que os conviene.
La democracia real es la capacidad de asimilar los No e integrarlos a los proyectos, modificándolos o incluso anulándolos. A veces, como dice el arquitecto y exalcalde de Curitiba, Jaime Lerner hay que escuchar a la gente y “no hacer nada, urgentemente”. Quizás el Sr. Joan Amézaga, alcalde de Tarrega, no esté de acuerdo. En el programa 180º de TV3, de hace unas semanas, replicó así a una persona que le acusaba de no recibir a la plataforma anticarcel: la democracia se trata de que la gente vota cada cuatro años y durante ese tiempo los elegidos hacen lo que les parece más oportuno. En realidad, el fue más grosero pero esta era la síntesis de su argumentación, que soltó sin tan siquiera mirar a la cara a su interlocutor. El tono y la reflexión, que no la gravedad del asunto, sonaban a aquel presidente que nos llevo a guerra por que había ganado las elecciones, quisiéramos o no. Los derechos ganados paso a paso por la sociedad parecen ahora ser un obstáculo irritante que se han de limitar por el bien del progreso.
Esa llamada cultura de No, también tiene otra peyorativa definición "no en el patio de mi casa". Según se dice, todos queremos los beneficios de la sociedad de consumo pero ninguno sus desventajas. Esto no sería en principio recriminable, si seguimos los ejemplos de nuestros mandatarios. La unión europea se ha creado con motivos económicos y todos los países desean las ventajas de pertenecer a ella, pero vemos a menudo nuestros representantes peleándose por un puñado de euros. Cada cual barre lo que puede para su casa.
El argumento de que debemos ser solidarios desarmaría muchas de las protestas locales sino fuera por un detalle. ¿Alguien se ha parado a pensar porque se ubican infraestructuras problemáticas en un lugar y no en otro? ¿Alguien se ha entretenido a dibujar un mapa de cómo se reparten las incineradoras, las nucleares, las narcosalas, los vertederos, etc.? Si lo hiciéramos, descubriríamos unos claros desequilibrios. Tan sólo dos ejemplos: el sur de Catalunya, sufre una sobreexplotación energética importante y las zonas del cuarto cinturón están siendo invadidas por polígonos para dar servicio y trabajo a la gran Barcelona. A menudo, los No, parten de esas zonas castigadas por heridas en su territorio. Es un ¡Basta Ya!, y se plantan ante un nuevo trazado de la variante o en una nueva urbanización, para dejar claro que ya han tenido bastante, que hasta ahí están dispuestos a soportar. Incluso cuando ese No es totalmente insolidario, como cuando algunos padres se niegan a aceptar a niños inmigrantes en sus escuelas, se suele encontrar, si se rasca un poco, una presión local que lleva años minando la moral del barrio. Son Noes indefendibles, pero hay que analizarlos sin caer en tópicos solidarios sacados del manual del progresista de escuela de pago.
¿Se puede hablar de una Cataluña rica y una Cataluña pobre? No estamos seguros y posiblemente el tema merezca una reflexión en profundidad y otro artículo, pero es cierto que el reparto de costos y beneficios, del supuesto progreso, no es equitativo. ¿Cuales son los criterios entonces para ubicar una infraestructura molesta o peligrosa en un lugar determinado? Se dice que crean lugares de trabajo y por tanto se emplazan en zonas donde la falta de empleo es importante. Esa excusa sirve igual para hacer un macro hotel que un cementerio químico, como si los desempleados fueran, a la vez, incapaces de hacer otra cosa que servir cervezas o cavar fosas radiactivas. En realidad los puestos cualificados y bien remunerados son cubiertos por profesionales foráneos.
Dicen, por las tierras del río Gaia, que la última esperanza que les queda es que los políticos elijan su zona para pasar las vacaciones, en lugar de en el Empordà o la Cerdanya. Están convencidos de que entonces se cerraría Vandellós, se detendrían los múltiples macroparques eólicos previstos, se plantearía la degradación de su costa y las nuevas prisiones viajarían al norte del país. No sabemos si tienen razón, pero está claro que la distribución de las molestias, los peligros y los impactos ambientales no están repartidos por igual. ¿Hay que callar y asentir? Tal como dice el conocido anuncio: pues va a ser que No.
Desde hace un tiempo hay una consigna que se va repitiendo entre nuestros gobernantes. Frente a protestas contra una narcosala, un nuevo centro penitenciario, una nueva línea de alta tensión, un nuevo parque temático, etc., afirman que “se han instalado en la sociedad la cultura del No”. Así, de una tacada se descalifican todas las protestas a la vez. Paralelamente, la existencia de una oposición por parte de Rajoy & Cia, basada en la negación como estrategia, da alas a la fórmula de: “No, es igual a ser reaccionario, es igual a apoyar al Partido Popular” o en el caso de Cataluña también a Convergencia i Unió.
Sorprende que se niegue el poder progresista del No. La izquierda se basa, en multitud de ocasiones, precisamente en decir No. Es complejo ser progresista, hay que negar a menudo los instintos más básicos del individualismo, de los prejuicios, de los ancestrales miedos a la diferencia, del arraigo a la posesión material, etc. El votante de izquierdas es más exigente, lo sabemos. El electorado de derechas se limita a votar y pedir seguridad y beneficios. Siempre dicen si, salvo cuando se habla de libertades.
El no aceptar con la cabeza gacha todo aquello que se intentaba imponer desde la dictadura, mantuvo viva la llama de la democracia durante el franquismo. En la transición, la oposición de los movimientos vecinales a especulaciones urbanísticas fueron verdaderos laboratorios de libertad y centros de formación de actuales cargos públicos. Era un No con pantalones de pana y patillas pobladas, entre el No pacifista a Vietnam, que llegaba desde EEUU y el comprometido “Diguem No” de Raimon.
Decir no es más difícil que asentir, parar aceptar tan sólo hace falta callar. El No es una respuesta incómoda, pero en todo caso, es una de las dos posibles ante cualquier cuestión planteada. Cada No es distinto. No son equiparables los No del túnel Bracons, de la carcel del Catllar, de la narcosala de la Vall d’Ebron o de la línea eléctrica de las Gabarres. Decir No puede ser más constructivo que callar. Negarse al enésimo campo de golf, es en realidad decir si, o al menos decir “se puede hacer de otra forma”. Es una versión a pequeña escala del “otro mundo es posible”. Decir No al AVE por el Eixample es reclamar su paso por el litoral y es decir si al sentido común.
Es curioso que cuando se decía No a la guerra de Irak, ese era un No progresista solidario. También el No al trasvase era positivo, nunca se dijo que las tierras del Ebro estuvieran atrincheradas en la cultura del No. Pero cuando se dijo No a la Constitución Europea, en concreto, No a “esa” constitución, resultó ser un No retrogrado. Es más, en cuanto un par de países dijeron No, se dejaron de hacer consultas a la sociedad. Se negó el valor de ese No y se dijo que sería si o si, con aquella fórmula paternalista de: yo se mejor que vosotros lo que os conviene.
La democracia real es la capacidad de asimilar los No e integrarlos a los proyectos, modificándolos o incluso anulándolos. A veces, como dice el arquitecto y exalcalde de Curitiba, Jaime Lerner hay que escuchar a la gente y “no hacer nada, urgentemente”. Quizás el Sr. Joan Amézaga, alcalde de Tarrega, no esté de acuerdo. En el programa 180º de TV3, de hace unas semanas, replicó así a una persona que le acusaba de no recibir a la plataforma anticarcel: la democracia se trata de que la gente vota cada cuatro años y durante ese tiempo los elegidos hacen lo que les parece más oportuno. En realidad, el fue más grosero pero esta era la síntesis de su argumentación, que soltó sin tan siquiera mirar a la cara a su interlocutor. El tono y la reflexión, que no la gravedad del asunto, sonaban a aquel presidente que nos llevo a guerra por que había ganado las elecciones, quisiéramos o no. Los derechos ganados paso a paso por la sociedad parecen ahora ser un obstáculo irritante que se han de limitar por el bien del progreso.
Esa llamada cultura de No, también tiene otra peyorativa definición "no en el patio de mi casa". Según se dice, todos queremos los beneficios de la sociedad de consumo pero ninguno sus desventajas. Esto no sería en principio recriminable, si seguimos los ejemplos de nuestros mandatarios. La unión europea se ha creado con motivos económicos y todos los países desean las ventajas de pertenecer a ella, pero vemos a menudo nuestros representantes peleándose por un puñado de euros. Cada cual barre lo que puede para su casa.
El argumento de que debemos ser solidarios desarmaría muchas de las protestas locales sino fuera por un detalle. ¿Alguien se ha parado a pensar porque se ubican infraestructuras problemáticas en un lugar y no en otro? ¿Alguien se ha entretenido a dibujar un mapa de cómo se reparten las incineradoras, las nucleares, las narcosalas, los vertederos, etc.? Si lo hiciéramos, descubriríamos unos claros desequilibrios. Tan sólo dos ejemplos: el sur de Catalunya, sufre una sobreexplotación energética importante y las zonas del cuarto cinturón están siendo invadidas por polígonos para dar servicio y trabajo a la gran Barcelona. A menudo, los No, parten de esas zonas castigadas por heridas en su territorio. Es un ¡Basta Ya!, y se plantan ante un nuevo trazado de la variante o en una nueva urbanización, para dejar claro que ya han tenido bastante, que hasta ahí están dispuestos a soportar. Incluso cuando ese No es totalmente insolidario, como cuando algunos padres se niegan a aceptar a niños inmigrantes en sus escuelas, se suele encontrar, si se rasca un poco, una presión local que lleva años minando la moral del barrio. Son Noes indefendibles, pero hay que analizarlos sin caer en tópicos solidarios sacados del manual del progresista de escuela de pago.
¿Se puede hablar de una Cataluña rica y una Cataluña pobre? No estamos seguros y posiblemente el tema merezca una reflexión en profundidad y otro artículo, pero es cierto que el reparto de costos y beneficios, del supuesto progreso, no es equitativo. ¿Cuales son los criterios entonces para ubicar una infraestructura molesta o peligrosa en un lugar determinado? Se dice que crean lugares de trabajo y por tanto se emplazan en zonas donde la falta de empleo es importante. Esa excusa sirve igual para hacer un macro hotel que un cementerio químico, como si los desempleados fueran, a la vez, incapaces de hacer otra cosa que servir cervezas o cavar fosas radiactivas. En realidad los puestos cualificados y bien remunerados son cubiertos por profesionales foráneos.
Dicen, por las tierras del río Gaia, que la última esperanza que les queda es que los políticos elijan su zona para pasar las vacaciones, en lugar de en el Empordà o la Cerdanya. Están convencidos de que entonces se cerraría Vandellós, se detendrían los múltiples macroparques eólicos previstos, se plantearía la degradación de su costa y las nuevas prisiones viajarían al norte del país. No sabemos si tienen razón, pero está claro que la distribución de las molestias, los peligros y los impactos ambientales no están repartidos por igual. ¿Hay que callar y asentir? Tal como dice el conocido anuncio: pues va a ser que No.
16 enero, 2006
Amor a los ladrillos. Hay amores que matan.
No soy economista. Mejor me hubiera ido, sin duda, pero no lo soy. Aún así, hace unos días que tengo una teoría económica en la cabeza y mira tú por donde la voy a soltar. Seguro que no es del todo nueva y quizás no sea exacta, pero para eso tengo un blog, digo yo.Creo que la base de la actual situación en España son los alquileres de las casas. La interpretación que considera la vivienda como una propiedad y no como un servicio, ha trastocado todos los parámetros económicos hasta convertirlos en una parodia.
Me explico. Si la vivienda es un servicio sería normal que el estado fuera quien gestionara la mayor parte del él, como lo hace con la sanidad o la educación. En este momento, en que se tiende a privatizar hasta hacienda, estaríamos discutiendo que % de las viviendas deberían ser privadas. En todo caso la situación sería bien distinta la actual, donde el estado tiene en propiedad menos de un 12% de las viviendas de alquiler.
Veamos la teoría:
1.- Si la vivienda fuera mayoritariamente de alquiler y estatal, las rentas a pagar estarían controladas y por tanto el mercado estaría saneado.
2.- Si el estado tuviera, como en Austria por ejemplo, el 80% de las viviendas de alquiler del mercado, el resto de operadores moderaría sus precios.
3.- Si la mayor parte de las viviendas fueran de alquiler y a unos precios sensatos, esta sería una opción mejor que la compra. Por tanto, la sociedad entendería que una casa es un servicio y no una propiedad. En todo caso, sabrían que podrían elegir. Ahora la elección del alquiler en grandes ciudades es absurda, a no ser que estés de paso o no te llegue ni para una casa, con lo que se alquilan habitaciones.
4.- Si la gente invirtiera menos en pagar la casa podría ahorrar, cosa que parece que no hace nadie en este país.
5.- El consumo también sería mayor, activando así un mercado estúpido pero real, que se basa en que todos compremos muchos coches y muchas televisiones.
6.- Si el estado poseyera la mayoría del suelo edificable, (para poder hacer viviendas de alquiler cuando fueran necesarias) las especulaciones locales desaparecerían. Ya no habría recalificaciones, puesto que sería el estado el propietario. Los ciudadanos nos limitaríamos a “usar” esos espacios.
7.- Esa idea nos ayudaría a entender de que TODOS somos propietarios del territorio, pero que nadie tiene derecho a destruirlo para enriquecerse.
8.- Si las empresas del ladrillo no tuviera semejante poderío económico, la industria real, la que fabrica cosas y bienes, tendría más capital y por tanto más capacidad de innovación.
9.- Si la vivienda es un servicio, la movilidad de la gente aumentaría, repartiéndose mejor en función de la oferta de trabajo.
10.- Si entendiéramos la vivienda como servicio, lo haríamos también con la segunda residencia, potenciando el turismo interno, por el contra de las urbanizaciones.
Este panorama no es fruto ni de un tripy en mal estado, ni de un sueño postcomunista, es un panorama posible cogiendo, de aquí y de allá, cosas que ocurren en otros lugares del planeta. Dejemos ese amor por el ladrillo. Dicen los japoneses que no es nuestro el ladrillo, sino el espacio que contiene. En ese caso, estamos pagando muy caro el aire que respiramos, ¿no os parece?.
Así que, señora Trujillo, señor Salvador Milà, cuentan con mi apoyo para expropiar las casas desocupadas, cuentan con mi apoyo para expropiar los terrenos que crean oportunos pero que sea para aumentar en todo lo posible el % de vivienda pública de alquiler.
Quiero ir a una inmobiliaria, como quien va a la Seguridad Social, con la confianza de que como ciudadano me van a dar un servicio.
11 enero, 2006
errorismo



Desde Argentina nos llega un grupo de activistas que, bajo el nombre de Erroristas, intentan remover un poco el panorama social del país. Es cierto que su propuesta puede rozar lo moralmente aceptable. Las mentes bien pensantes dirán que se pasan de la raya, pero en realidad si los ponemos al lado de Bush & Co, su humor negro me parece de lo más sano.
Esta es la reseña de la noticia que salió en un periódico local:
El grupo de arte callejero “etc” atraía la atención de militantes y curiosos desfilando con vestimenta totalmente negra, simulando trajes árabes, enarbolando metralletas de cartón y al compás de una banda con la que parodiaban las letras de la marcha peronista, la radical y hasta la internacional comunista bajo una pancarta que decía “erroristas”.
Para más info: Internacionalerrorist@yahoo.com.ar
09 enero, 2006
Periodismo o ese nuevo género de ficción
Oscar Guayabero y Claret Serrahima (Entregado en El Pais en diciembre, aún no publicado)No hace tanto que al conjunto de prensa escrita, emisoras radio y cadenas de televisión se les llamaban “los medios de información” o la prensa. En pocos años, han pasado a llamarse “los medios de comunicación” y cada vez con más fuerza nos referimos a ellos con el anglicismo “mass media”. Tratándose de un sector que trabaja con el lenguaje, estos cambios no pueden ser casuales. Nos preguntamos que ha cambiado en estos años. Desde siempre, ha habido periódicos, radios y televisiones con una línea ideológica concreta. Hablando por supuesto de países con regimenes democráticos, en los demás, la prensa es monocolor y vigilada concienzudamente por el dictador de turno.
Había un acuerdo tácito en otorgar a la prensa una cierta independencia y credibilidad. Quizás debíamos leer un par de periódicos de signo contrario pero al final, entre sus páginas, se encontraba aquello que comúnmente denominamos verdad. Así, asumimos que la prensa oral y escrita, cumplía la función básica y efímera de describir la realidad.
Es importante la condición de efímera, pues quizás la prensa más cualquier otro medio, es la que mantiene o borra un acontecimiento del imaginario colectivo. Sus canales de inserción en la sociedad son tan potentes que no es extraño que ya en el siglo XVIII Edmund Burke, pensador liberal, acuñara el denominativo de “Cuarto Poder” que se añadía a los poderes “históricos”: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Ante políticos y periodistas dijo: “Ahí está el Cuarto Poder y verán que sus miembros serán más importantes que ustedes y se unirán a la cruzada por las libertades”. No se equivocó al cuantificar el futuro poder de la prensa, lo que no es tan evidente, hoy por hoy, es el papel heroico, que otorga a la prensa.
Noam Chomsky, señala que la prensa, en un sistema democrático, debería cumplir dos funciones: primero, debería presentar las noticias de manera completa, limpia y con imparcialidad y, segundo, debería constituirse en un vigilante contra los excesos del poder que atentan contra las libertades. Sintomáticamente, esta idea nos parece más que inocente.
El palabro “comunicación” coge fuerza en el momento en que los medios informativos, en tanto que empresas privadas son un producto, al servicio de un interés principal, ser rentable. Y un segundo objetivo, ya clásico, estar al servicio de una tendencia política concreta. Esa doble condición introdujo, en los años cincuenta, el concepto de entretenimiento como estrategia comercial y también como un modo de desviar la atención de los ciudadanos hacia territorios no comprometidos, políticamente hablando. En términos de Machado, La España de charanga y pandereta vino a ser el Pan y Circo de nuestros cuarenta años de travesía por el desierto de las libertades. No es que antes no se comunicara, pero en ese momento la “obligación” de informar, empieza a ser una carga más que un objetivo.
De ahí al amarillismo impreso solo había un paso. “que la verdad no te arruine una noticia” decía una consigan periodística en los setentas. La democracia llegó acompañada de una irrefrenable frivolidad que hizo de la prensa rosa un imperio económico. De repente éramos hedonistas, consumistas y chismosos. Tal como retrataba certeramente el Carvalho de Montalban: ”Desde que se murió Franco hay más crema de leche en los supermercados”. La pornografía emocional llena hoy nuestras cadenas televisivas.
Pero en los ochenta y sobre todo en la última década del siglo XX se da un paso más allá. La ingente cantidad de publicidad hace de los anunciantes parte intrínseca de los consejos de redacción imponiendo en muchos casos, no solo el tono de la noticia sino su misma existencia.
El lector, oyente o televidente es un instrumento para conseguir popularidad y negocio a través de los medios de control de audiencia, bajo esa fórmula que dice: más audiencia es igual a más anunciantes y eso es igual a más ingresos económicos. De ahí que la denominación mass media se haya extendido. En sus páginas cuesta encontrar otra realidad que la que cotiza en bolsa.
Esta, nueva situación ha modificado muchos de los códigos de comunicación existentes. La noticia ya no se arraiga a la realidad sino al interés del medio por una parte de esa realidad. Así pues, en numerosas ocasiones se “hinchan” acontecimientos, o se ignoran otros, incluso se llegan a autogenerar noticias. Cuando el periodismo lo hacen banqueros encarcelados, empresarios embargados y directores de periódicos metidos a dinamiteros, la realidad se convierte en supuestas filtraciones, documentos que nunca aparecen, escuetas disculpas si al final se demuestran falsos, etc. Esto no es ficción, pasó y el “Váyase señor González”, ganó las elecciones.
La cadena de radio episcopal, ejerce esa mecánica de generar noticias apocalípticas donde sólo hay reformas educativas o estatutarias y fusiones empresariales. Evidentemente, no se apela a la razón, ni a las valoraciones mesuradas de la realidad, sino a la reacción más visceral posible. Un papel muy parecido al que jugó la "Radio Tele Libre Mille Collines" (RTLM), una radio privada que sirvió de vehículo para promover propaganda violenta anti tutsi en 1994. Varios locutores de esa emisora están siendo juzgados por incitación al genocidio. Se llegaron a dar nombres y direcciones de personas a las que “convenía” eliminar.
Es sólo la punta del iceberg de lo que puede ocurrir si se sigue en esa dirección. Lo más preocupante es la desconexión de la realidad a la que están llevando a sus oyentes. La negación de la realidad es una enfermedad mental tipificada. Es algo que ayuda en determinados casos a mantener cierta esperanza sobre algo o alguien, negar la muerte de un ser querido, por ejemplo. Pero cuando se convierte en una costumbre se llega a lo que Orwell llamó “control de la realidad”. ¿Deben tumbarse todos en el diván de un profesional, o ellos saben donde esta el límite de lo falso?
Paralelamente, cuando la realidad se convulsiona, los medios dejan de ser ágiles megáfonos de esos cambios, puesto que antes deben valorar que implicaciones empresariales supone posicionarse en uno u otro sentido. Los atentados del 11M pusieron en evidencia esa falta de capacidad de reacción. “Aznar mintió el primer día. Pero ese hecho sólo explica el periodismo del primer día, no el retraso de los siguientes” apunta Guillem Martínez. Fue entonces la sociedad, a través de Internet i de los móviles la que creo una verdadera red de contra información, varios pasos por delante de los medios de comunicación establecidos.
A pesar de todo, debemos reivindicar un periodismo de periodistas y no unos medios de comunicación de masas. Tenemos el derecho a ser informados pero también la obligación de la militancia a la realidad, sin ella la paranoia puede convertirse en, simplemente, una opción y eso nos deja a todos a las puertas del psiquiátrico. De ahí, a las noches con cristales rotos y los cadáveres en las cunetas hay sólo un fanático con retórica y un pueblo que se ha dejado seducir por la ficción.
04 enero, 2006
A favor de la poligamia o poliandria
Carlos Aires, artista español afincado en Austria, ha desatado la polémica con una pieza un tanto insulsa pero políticamente incorrecta. Esto no dejaría de ser una anécdota en un panorama artístico plagado de provocaciones vacuas. El caso ha saltado a la palestra al tratarse de una campaña de trascendencia pública, para implicar a la sociedad austriaca en la futura presidencia de ese país del Parlamento Europeo. Digo yo que es bastante más escandalosa la reciente presidencia inglesa, con la retahíla de desaguisados que ha dejado, que no un puñetero cartel, pero ya sabemos que los chicos de la prensa necesitan una buena foto para generar noticias y esta es inmejorable. Tres personas con máscaras de Bush, Chirac y la Reina Isabel simulan una orgía bucólico-pastoril. Podríamos dudar de la elección. ¿Porque la reina y no Blair?. Quizás en la tienda de disfraces ya no les quedaban del primer ministro británico. Después de demostrar que lo de tercera vía no es más que un neoliberalismo con tintes fachillas, los conservadores deben haber cambiado las medias en la cabeza por la jeta de Tony.En fin, el caso es que no se porque, al ver la imagen recordé a Acebes diciendo, sin rubor en las mejillas, que el Estatuto catalán abre la puerta a la poligamia. Será por eso del sexo anal, vaya usted a saber. La sodomía es eso que se practica en la intimidad y que cuando se hace pública se convierte en un insulto, vamos como el catalán en casa de Aznar. Digo yo que para ser políticamente correctos deberían haber dicho que: abre las puertas a la poligamia, (pluralidad de mujeres) y a la poliandria, (pluralidad maridos). Pero ya se sabe que en el PP los valores de la España católica perduran inalterables así que solo se contempla la posibilidad del harén femenino.
Seguidamente y en el mismo periódico, leo que, con gran alegría, los observadores económicos apuntan una desaceleración del precio de la vivienda. “Sólo” un 8%, dicen. O sea, ocho veces más de lo que aumentará el sueldo de la mayoría de nosotros. Por cierto, en letra pequeña dicen que el Euribor (índice con que se miden la mayoría de nuestras hipotecas) subirá también un 8%. Así que no se si al final tendremos una subida de un 16% pero poco faltará.
Como dicen que dos casualidades hacen un indicio, me planteo como se puede relacionar una orgía en Viena y una hipoteca en el Raval y de repente veo la luz. Los chicos del PP han encontrado la solución a la vivienda y la preocupante descapitalización de los núcleos familiares. Si con dos sueldos no llegamos, tendrán que ser tres. Si el estatuto se aprueba, cosa que se hará, aunque al final en lugar de nación ponga barriada y la financiación quede más o menos como está, tenemos una vía de escape a la pobreza. Uniones múltiples. Claro que también gastaremos más, pero ya se saben que donde comen dos comen tres, incluso si hablamos de sexo oral. Yo creo que con tres sueldos podríamos permitirnos salir al campo, de vez en cuando, e incluso plantearnos tener descendencia. Entre tres será más fácil “conciliar” el horario laboral con el familiar o como mínimo pagar la guardería. Así que señores del tripartito, cedan las competencias que hagan falta pero, por favor, dejen como está el tema de las uniones conyugales. Mi mujer y yo estamos ahora discutiendo si ha de ser hombre o mujer el tercer componente. Los argumentos para que sea un hombre son sólidos: su sueldo será probablemente mejor, y no hay posibilidad de partos múltiples. Pero yo insito en que dos hombres juntos puede hacer aumentar el caos y la suciedad en nuestro hogar. En fin, al final, mientras traiga dinero a casa y vaya limpio que me echen lo que sea.
28 diciembre, 2005
Cesped sagrado



La capacidad de cinismo del Ayuntamiento me sigue dejando perplejo. Hace tiempo, de hecho desde que la inauguraron, que la Plaza Villa de Madrid en Barcelona es un verdadero despropósito. Cada vez que paso por allí, veo el césped vallado. Todo el perímetro está cercado, para que nadie pueda pisar el sagrado césped. Seguro que los vecinos se quejaban del ruido en verano, cuando al gente al fresco, alargaba las noches tumbados a la bartola. No se si ahora estarán muy contentos, tienen una plaza que más parece un campo de minas que otra cosa. Solo las palomas burlan las vallas y se cagan a lo ancho y largo de los parterres metálicos que se instalaron. Que conste que creo que la plaza es bastante interesante, arquitectónicamente hablando. No es la típica queja a la Barcelona de diseño. Esa Barcelona es culpa de los políticos, no de los arquitectos. En este caso, se demuestra que hay plazas mucho más duras que las plazas duras.
Bueno, pues el otro día me fijo en un cartelito, de esos que el Ayuntamiento pone para decir que son estupendos y que todo es perfecto y ¡menuda sorpresa!. Los chicos de la foto, según parece vecinos de la plaza, han debido pisar el césped para hacerse la foto, es más, no se ve ninguna valla. Así que el cartel promociona algo que está prohibido. Clos, chico, es que no hay quien te entienda…..
23 diciembre, 2005
Bon Nadal, Imma!
Avui, estic encantat amb la crisi que ha provocat Imma Mayol negant-se a aprovar aquesta llei retrograda anomenada la llei del civisme, tot i que be es podria dir del cinisme. M’agradaria que fos el principi de la fi d'un model de gestió municipal que ens està portant cap a una ciutat incívica de debò, on cadascú mira només pel propi benefici, on l’ajuntament no entén la vivenda com un dret i com un servei, on Can Ricart està patint un moving municipal per no encaixar amb la idea que el Xavier Casas te del 22@, on es fan bancs individuals, perdent el seu potencial relacional, per que el homeless no puguin dormir, on els preus de mercat estan expulsant els nostres creatius i cridant a les multinacional a ocupar el seu lloc.Potser es hora de que l’esquerra es posicioni, altre cop, en el camí de les llibertats que tant ens va costar aconseguir en la transició i que ara es van reduint, dia a dia, amb arguments propis d’una dreta poruga. El carrer, ha de ser l’escenari de visualització de conflictes, el marc propi de la socialització i l’espai d’expressió de la diversitat i no un polit hipermercat ple de aparadors llaminers que ens aboquen a l’obesitat consumista i la pobresa intel·lectual. Aquesta és la veritable cultura del No. Al carrer No es pot protestar, No es pot sobreviure, No es pot expressar, No es por patinar, No es pot veure, No ....., potser aviat tampoc No es podrà "estar", a menys que facis una consumició, com en els Bars.
Així que avui estic encantat que el meu partit m’hagi representat, per una vegada i hagi estat conseqüent amb les idees que de ben segur comparteixen gran part del seu electoral. Demà ja m’emprenyaré per altres coses, avui només vull felicitar a la Mayol. Bon Nadal, Imma!
15 diciembre, 2005
El Odio (Manuel Delgado) El País, 6-11-05
Hace nueve años, estas mismas páginas sirvieron de escenario para una polémica en torno a lo que el arquitecto Amador Ferrer había denominado, titulando un artículo suyo, “el inmerecido descrédito de los polígonos de viviendas” (El País, 14-10-1996), crítica a la crítica fácil contra las agrupaciones de bloques dominante en aquel momento y ahora. Aquella defensa de los bloques de viviendas no ignoraba sus innumerables defectos, como consecuencia de la pésima calidad arquitectónica de la mayoría de proyectos, pero subrayaba que la construcción de grandes conglomerados de pisos implicó, en un momento determinado, una definición de las expansiones urbanas que colocaba en primer término la cuestión de la vivienda social, un asunto que adquiría un protagonismo que nunca había tenido antes y que no iba a recuperar con posterioridad a su abandono como fórmula de actuación urbanística. Además, se destacaba también cómo la forma de agregación de las viviendas y la provisión de espacios para el encuentro –derivadas de la inspiración de esa tipología en los postulados del Movimiento Moderno– potenciaron expresiones de intensa vida colectiva, entre las cuales la movilización y la lucha. Una exposición inminente del artista sevillano Pedro G. Romero en la Fundació Tàpies, centrada en buena medida en Badia del Vallès, va a insistir en ese elogio de las concentraciones de bloques como ámbito que demuestra las virtudes del conflicto como fuente de cohesión social.En ese sentido, habría que considerar si entre los factores que determinaron el abandono del modelo de ciudades dormitorio no merecería figurar la evidencia de que este tipo de agregaciones humanas acababan constituyéndose en un núcleo de conflictividad difícil de fiscalizar políticamente y complicado de someter en cuanto experimentaba alguno de sus periódicos estallidos de insubordinación o insolencia. De hecho, el sistema de bloques implicaba una alternativa al amontonamiento de la clase trabajadora en determinados barrios antiguos o en centros urbanos, fáciles de cerrar con barricadas y desde los que los sectores más ingobernables de la ciudad podían hacerse fuertes y resistir los embates de la policía o incluso del ejército. Es bien sabido que fue esa tendencia de las clases trabajadoras europeas a encerrarse en barrios intrincados y convertirlos en fortines insurreccionales lo que justificó en buena medida las grandes operaciones urbanísticas de esponjamiento e higienización a partir de las últimas décadas del siglo XIX, de las que la de Haussman en París sería el paradigma, pero que tendrían también en Barcelona un ejemplo no menos elocuente. Ahora bien, la opción de llevarse a la clase obrera a los suburbios y alejarla de los núcleos urbanos comportó resultados imprevistos, entre ellos el permitir formas de convivencia que tampoco eran tan distintas de las del vecindario tradicional y repetir la capacidad del barrio popular de devenir foco de antagonismo social.Ahí cabría evocar el estudio de Manuel Castells –recogido en La ciudad y las masas (Siglo XXI)– sobre el grand ensemble francés por excelencia, el de Sarcelles, donde se estaban desarrollando luchas sociales de gran embergadura. La tesis de Castells es que lo que allí se registraba era una situación prácticamente idéntica a la que había producido el primer sindicalismo obrero a mediados del siglo XIX, en la medida en que los altos niveles de socialización que estaban experimentando las viviendas de masas descubrieron un conjunto de intereses comunes, en una unidad de vecindario que reprodujo las condiciones de concentración capitalista de producción y una gestión parecida a la que habían conocido las grandes concentraciones fabriles de la revolución industrial, los mismos elementos que estuvieron en el origen de los primeros sindicatos obreros. En el fondo, de lo que se trataba es de que por primera vez se estaba produciendo una percepción en clave de lucha de clases del significado del fenómeno urbano.Esa condición problemática de los polígonos de viviendas populares ha tenido distintas oportunidades para ponerse de manifiesto cerca de nosotros. Piénsese en el caso de lo que sin duda fue la mayor explosión de lucha vecinal que ha conocido Cataluña en las últimas décadas: la revuelta del barrio del Besòs a finales del 1990, en la que los vecinos se opusieron violentamente al proyecto de edificar en unos terrenos inicialmente destinados a equipamientos. Aquello, que la prensa bautizó como “la intifada del Besòs”, supuso la ocupación policial del barrio durante varios días y auténticas batallas campales en las que se vio a los vecinos lanzar bombonas de butano y frigoríficos desde los balcones contra los mossos d’esquadra y en la que se llegaron a disparar armas de fuego. Pero la prueba más cercana la tenemos en los hechos de estos días en la banlieu de París y de otras ciudades francesas, erupciones de rabia que los medios de comunicación catalogan como “violencias urbanas”, protagonizados por esa nueva clase obrera en buena medida alimentada por los flujos migratorios, cuyos jóvenes son victimas de la explotación, la precariedad laboral, el paro, el racismo y la ausencia de expectativas de futuro. Contamos con una película que refleja esa situación de una forma especialmente lúcida y que debería ser revisada justamente estos días para constatar la naturaleza crónica del fenómeno y su significado. El propio título de la película es ya la clave: “La haine” (“El odio”), dirigida por Mathieu Kassovitz en 1994En resumen. Estamos viendo, en la devastación que conocen las periferias malditas de París, una de las razones que probablemente animaron a abandonar la opción de las ciudades dormitorio para atender la demanda de vivienda por parte de los sectores más vulnerables de la población: demasiado rencor junto. Hace unas semanas supimos en qué consiste la manera como en París se “soluciona” el problema de la vivienda de los nuevos vecinos pobres. Los 24 inmigrantes africanos muertos como resultado de dos incendios en inmuebles en mal estado en que vivían en el centro de la capital francesa dan cuenta de que allí se enfrenta la cuestión de la “vivienda social” igual que aquí: obligando a los nuevos miserables a vivir en hogares insalubres, inseguros, con frecuencia clandestinos, pero sobre todo dispersos. Como aquí, allí la consigna es disolverlos por entre los intersticios y agujeros de la ciudad, difuminarlos, enterrarlos en vida bajo la alfombra de ciudades limpias y afables. Cualquier cosa menos permitir que se agrupen en territorios desde los que atrincherarse; cualquier cosa menos permitir que se den cuenta de que son muchos y de que cualquier momento puede ser bueno para la venganza.
14 diciembre, 2005
Mani-testa-acció contra la llei del civisme
Después de la Mani-fest-acció, estas son algunas de las pintadas que han quedado en las paredes del barrio. Como posiblemente mañana ya no estén, el Ayuntamiento es sumamente efectivo en estos casos, os las cuelgo para que les deis una ojeada. Especialmente simpática la del caganer. Entre las que no veréis, hay un nuevo nombre a nuestro ilustre alcalde: Santa Clos. En fin, pasatiempos para una tarde de sábado. Como siempre, cuatro pies negros rompieron algún cristal y eso es lo que saldrá en prensa. Sinceramente, éramos menos de los que deberíamos haber sido en esta concentración, parece que nos da igual que se creen leyes que nos quiten la calle como lugar de encuentro, supervivencia, y como escenario de visualización del conflicto social, al que nos acercamos día a día. Clos, ha conseguido que la palabra civismo, que en principio no es otra cosa que: buen rollito para con los vecinos, se convierta en sinónimo de represión, multas y manifestaciones. Stupendo.... que diría Forges.




13 diciembre, 2005
Can Ricart

Este viernes (16/12/05) habrá una concentración en Poble Nou bajo el lema “Can Ricart per a la Ciutat”.
Por dos motivos principalmente:
1. Por que, si bien se ha conseguido parar los derribos, no hay ninguna garantía de que no comiencen de nuevo.
2. Por que ahora es el momento de proyectar un Can Ricart para la Ciudad, con la participación de todos.
Se ha visto y se sabe de la capacidad de los creadores para responder a los conflictos sociales y para cohesionar los distintos intereses de la gente, pero también la necesidad que tenemos de que esto sea así, de intervenir en nuestro entorno y tranformarlo.
La concentración del viernes es una oportunidad para seguir reivindicando la necesidad de espacios creativos en Barcelona, de seguir reclamando la conservación del único recinto industrial completo que queda en Poble Nou y de participar en un nuevo modelo de espacio para los ciudadanos.
12 diciembre, 2005
Salvemos KBB
Parece que es mala época para iniciativas interesantes. KBB, son una gente que desde el principio han apostado por la cultura de riesgo. Ahora están con el agua al cuello. En Barcelona se está volviendo más que difícil sobrevivir en la contemporaneidad.Kültur Büro Barcelona, un espacio independiente gestionado por artistas y fundado en 2004, está en peligro de cierre. http://www.kbb.org.es
Su futuro es incierto, debido a la fuerte presión económica que sufre, y a la falta de apoyos serios, tanto desde la parte gubernamental como del sector privado, que posibilitarían su futura programación de una manera profesional.
Necesitamos vuestro apoyo para evidenciar la necesidad de instituciones como KBB, sea en Barcelona, donde probablemente somos únicos en este tipo de investigación, o internacionalmente.
KBB, en el transcurso de sus actividades, se ha distinguido por su particular visión, su implicación con el arte contemporáneo y su consiguiente análisis. El objetivo fue crear proyectos artísticos y exposiciones que involucren el debate de una manera eficaz, relacionando el arte con su nueva y compleja esfera social. Ofrecimos a artistas la posibilidad de trabajar y exponer, y al público la opción de encontrarse frente al arte en diferentes tipos de eventos.Esperemos que esto no se acabe aquí.
Los próximos días Jueves 15 y Viernes 16 de diciembre, KBB organizará una fiesta de apoyo de dos días con el fin de conseguir donaciones que nos permitan seguir trabajando, y nos dé la esperanza de encontrar el apoyo, tanto político como humano, para el futuro próximo.Esperamos que todos podáis venir para apoyar a KBB con vuestra presencia, convirtiéndoos en socios anuales para el año 2006, lo que nos permitirá demostrar la necesidad real de lugares como este en el panorama cultural de Barcelona.
Es muy importante para nosotros hacer pública nuestra circunstancia, para así poder lanzar un debate sobre la situación actual de lugares similares en el contexto cultural de Cataluña.Salvad KBBPrograma y actividades:Ambos días, de 16h a 20h, última oportunidad para visitar la exposición "FoKus Switzerland", con obras de los artistas: Fabrice Gigy, Lang & Baumann, Christoph Büchel y Jean-Daniel Berclaz.
Jueves 15A partir de las 21h y hasta tarde: música en vivo, varios Dj's, comida y bebida.
Viernes 16A partir de las 23h y hasta tarde: música en vivo, varios Dj's, comida y bebida.¡ ¡Participa !
09 diciembre, 2005
Barcelona batega però no caga
El paroxisme al que esta arribant el nostre Ajuntament es tal, que ja no cal fer acudits amb el Clos, els fa ell mateix. El darrer, ha estat la decisió, potser no només d’aquest any, però en tot cas decisió, de no col·locar el caganer al pessebre de la plaça St. Jaume. Podríem considerar la pròpia existència d’un pessebre fet amb l’erari públic. Si realment som laics, potser no toca una simbologia tan catòlica. En tot cas, com un munt de símbols més, el pessebre ha deixat de ser patrimoni d’una religió per esdevenir costum, hàbit i també joc. No cal defenestrar un fet que reuneix pares i fills al voltant de les figuretes, el riu de plata i el suro. Potser cal buscar models més sostenibles, potser no cal arrasar els boscos cada any pel maleït arbret, la molsa, etc. Però en tot cas, el que és més que divertit és la identificació que ha fet Alberto Fernandez Diaz, representant del PP a l’Ajuntament, del Caganer amb l’incivisme. Ha estat una idea brillant que ha quallat i malgrat Imma Mayol s’ha negat ha relacionar-lo, la cosa ja està feta. Els pixapins de Barcelona acabem d’esgarrar un símbol mític d’abundància i fertilitat agrícola. Sembla llavors que els de ciutat podem bategar però no cagar. La campanya amb el cor, que sembla més un cul que altre cosa, diu que la ciutat batega. Ara be la caca l’hem de guardar.La identificació d’un pastor defecant a la muntanya, sovint llegint el diari (i es que hi ha diaris per cagar-s’hi) amb un turista borratxo vomitant a la plaça reial, és tot un triomf de la dreta metropolitana. L’incivisme es ja un argument vàlid per a gairebé tot. A partir d’aquí el cagatió deu ser violència de gènere (vegetal), a més d’escatologia pornogràfica y potser les llufes del dia dels innocents assetjament escolar.
Si voleu un caganer retallable visiteu la web del dissenyador Xavier Boronat:
http://www.corporeixon.com/grafic.html
Mentrestant, Telefònica accepta instal·lar-se al 22@ (per amagar el fracàs municipal en aquest projecte), a canvi de privatitzar un edifici a l’avinguda Roma, que es va comprar amb diners públics, ja que llavors l’empresa era estatal. Ara hi faran vivendes de luxe. Això si que es cagar-se en la gent sense miraments. En fi, que parlant d’escatologia, ens pixen a sobre, hi diuen que plou. Però no siguem negatius, s'ha aturat l'enderroc de Can Ricart. Això demostra que si ens organitzem i no baixem la guardia, encara podem fer alguna cosa.02 diciembre, 2005
Apoyo para La Makabra
La gente de La Makabra esta haciendo correr este formulario para conseguir apoyos que impodan el desalojo cautelar al que estan abocados en breve. Si te parece interesante lo que allí ocurre, puedes enviar este formulario a las direcciones abajo reseñadas.
Mas info en : http://www.makabrapark.tk
Yo (NOMBRE) conozco la labor cultural, social y humana que se realiza y se viene realizando por parte de colectivo La Makabra (Calle Tanger, 40). En sus espacios: gimnasio de entrenamientos circenses, sala de creaciòn de espectàculos, salas de ensayo, sala de grabación, taller de pintura con exposición permanente, sala de relajación, masaje y trabajo pre parto, sala de teatro, sala de danza, Skate Park, sala de conciertos, taller de costura, zapatería y diseño de indumentaria, sala de audiovisuales, huerto de cultívos, tienda gratis y el primer restaurante crudivoro-vegano de Barcelona, se desarrollan toda una serie de actividades que enriquecen la visa cultural y social de Ponle Nou y de Barcelona.
Por tanto solicito que:
Se respeten dichas actividades por su labor cultural y humana que las hacen necesarias para la ciudad.
Se respeten también los espacios en los que dichas actividadas se desarrollan.
Se considere el valor del apoyo social que se está generando en torno a este coletivo como reflejo de su trabajo.
Se detenga el desalojo cautelar, dictaminado el juzgado numero 10 de lo penal, sito en arco de triunfo.
Se le de la oportunidad a sus integrantes de un juicio civil, unica forma de juzgar el porque del delito.
inficub@mail.bcn.es
info-santamonicacultura@gencat.net
bi@mail.bcn.es
president@gencat.net
kultinfo@gencat.net
pubinfo@gencat.net
consellerprimer@gencat.net
conselleramieras@gencat.net
mailto:coseller.governacio@gencat.net
consellerdejusticia.dj@gencat.net
conselleratura@gencat.net
Mas info en : http://www.makabrapark.tk
Yo (NOMBRE) conozco la labor cultural, social y humana que se realiza y se viene realizando por parte de colectivo La Makabra (Calle Tanger, 40). En sus espacios: gimnasio de entrenamientos circenses, sala de creaciòn de espectàculos, salas de ensayo, sala de grabación, taller de pintura con exposición permanente, sala de relajación, masaje y trabajo pre parto, sala de teatro, sala de danza, Skate Park, sala de conciertos, taller de costura, zapatería y diseño de indumentaria, sala de audiovisuales, huerto de cultívos, tienda gratis y el primer restaurante crudivoro-vegano de Barcelona, se desarrollan toda una serie de actividades que enriquecen la visa cultural y social de Ponle Nou y de Barcelona.
Por tanto solicito que:
Se respeten dichas actividades por su labor cultural y humana que las hacen necesarias para la ciudad.
Se respeten también los espacios en los que dichas actividadas se desarrollan.
Se considere el valor del apoyo social que se está generando en torno a este coletivo como reflejo de su trabajo.
Se detenga el desalojo cautelar, dictaminado el juzgado numero 10 de lo penal, sito en arco de triunfo.
Se le de la oportunidad a sus integrantes de un juicio civil, unica forma de juzgar el porque del delito.
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